Las carpas están ocupando la base de la antigua piedra de cal en la que se basa la arquitectura del lugar, estando muy cerca de la cocina al aire libre al servicio de una constante dieta de frijoles, arroz y tortillas.

La selva que una vez plenamente ha establecido su reclamación a este lugar, ha sido sutil como se ha ido apoderando del lugar, cuidada por las legiones de trabajadores y que los arqueólogos hacen de este su hogar temporal cada año.
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Durante el día, los trabajadores de las comunidades madereras vecinas hacen constante talas, serrando, cepillado y limpiando el sucio en pozos de excavación en los edificios a fin de cortar poco a poco el espesor que tiene sobre crecimiento hasta hacer que parezcan laderas.

Puede ir de un hoyo a otro y ver como los arqueólogos descubren de todo, desde máscaras gigantes a los lados de los templos hasta los hogares de cerámica, cuando la última familia salió de la ciudad Maya.